Síndrome del impostor después de un layoff: ¿por qué aparece justo ahora?

Hay un momento muy específico en que el síndrome del impostor ataca con más fuerza, y no es cuando te asciende: es cuando te vas. Después de un layoff, ejecutivos con décadas de resultados comprobables empiezan a dudar, en serio, de si alguna vez fueron buenos. Si te está pasando, lo primero que necesitas saber es que no es una falla de tu carácter. Es un mecanismo predecible, y se puede desarmar.

Por qué el impostor llega justo después de la salida

Mientras estás dentro de una empresa, tu valor recibe confirmación constante y externa: el cargo, el equipo que te reporta, las juntas a las que te invitan, el bono. No necesitas creer en tu talento; el sistema te lo recuerda a diario.

Cuando la estructura desaparece, desaparece también el sistema de confirmación. Y ahí el cerebro hace una operación tramposa: como las señales externas ya no están, concluye que el valor tampoco. “Era la plataforma, no era yo” es la frase exacta que escucho una y otra vez en las conversaciones con ejecutivos en transición. La escuché también dentro de mi propia cabeza cuando fui parte de uno de los layoffs masivos de Google: 12,000 personas, entre ellas yo, con una trayectoria entera construida en corporativos globales y una sospecha recién estrenada de que quizá todo había sido el membrete.

La trampa lógica que conviene ver de frente

El razonamiento del impostor tiene un error de diseño que vale la pena mirar despacio. Dice: mis logros dependieron de la estructura, porque ocurrieron dentro de ella. Pero dentro de esa misma estructura había miles de personas con acceso a los mismos recursos, la misma marca y el mismo mercado. Si la estructura fuera la que produce los resultados, todos habrían producido los tuyos.

No fue así. Hubo algo que tú pusiste: criterio, ejecución, relaciones, formas de resolver que viajaron contigo de un equipo a otro y de una empresa a otra. A eso, después de veinte años, ya no se le puede llamar suerte con seriedad. Se le llama patrón, y los patrones son portables.

Qué hacer con esto (además de entenderlo)

Entender la trampa ayuda, pero el impostor no se va con argumentos; se va con evidencia. En mis procesos de coaching uso una herramienta simple que puedes empezar hoy: el inventario portable. Consiste en listar tus diez resultados más significativos de la última década y, para cada uno, separar en dos columnas qué puso la estructura (presupuesto, marca, acceso) y qué pusiste tú (la decisión, la idea, la negociación, el equipo que formaste). La primera columna se quedó en la empresa. La segunda está íntegra, disponible y es exactamente lo que un empleador o un cliente compra.

Ese inventario, bien hecho, cambia el tono de tus entrevistas, de tu perfil y de tu narrativa completa de transición, porque deja de sonar a defensa y empieza a sonar a evidencia.

El fondo del asunto

El período después de un layoff es un Messy Middle en toda regla: ya no eres quien eras profesionalmente y todavía no sabes quién sigues. Es incómodo y es también, aunque hoy no lo parezca, trabajable. Yo lo crucé y acompaño a otros a cruzarlo con una metodología propia que llamo Trasiliencia: usar el cambio como material de construcción, no solo resistirlo.

Si estás en ese punto, empieza por el inventario. Y si prefieres no hacerlo solo, escríbeme; una conversación honesta a tiempo ahorra meses de dudar de ti en silencio.

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